Su presencia en General Pico, brindando una exhibición, marcaba la magnitud del evento
Hay imágenes que no sólo capturan un instante, sino que guardan el pulso de una época. Fotografías que, con el paso del tiempo, se vuelven testigos silenciosos de historias grandes y pequeñas. Eso ocurre con una serie de retratos rescatados del archivo personal de Julio Blanco, vecino de Eduardo Castex, quien cedió generosamente estas piezas únicas tomadas por el fotógrafo Arias, en la ciudad de General Pico, allá por 1960.
En una de esas imágenes aparece nada menos que Juan Gálvez, figura indiscutida del Turismo Carretera, multicampeón y leyenda viva del automovilismo argentino. La escena remite a una de las tantas ediciones de la recordada “Vuelta de La Pampa”, una competencia que no sólo era una carrera, sino un verdadero acontecimiento social y deportivo que movilizaba a toda la provincia.

UBY SACCO Y JUAN GALVEZ
Aquel año, organizado por Pico FBC, el circuito unía General Pico con Santa Rosa en un recorrido desafiante que hacía vibrar caminos y corazones. Y fue Gálvez, a bordo de su inconfundible coupé Ford, quien se quedó con la victoria, reafirmando su dominio en una época dorada del TC.
Pero hay una imagen aún más potente, casi simbólica: en otra de las fotografías aparecen juntos Juan Gálvez y Ubaldo “Uby” Sacco. Dos mundos distintos, pero unidos por el deporte. Sacco no era un deportista más: con los años se convertiría en campeón mundial de boxeo en la categoría superligero y uno de los talentos más destacados del pugilismo argentino, reconocido por su técnica, coraje y estilo elegante sobre el ring .
Su presencia en General Pico, brindando una exhibición, marcaba la magnitud del evento: no era sólo una carrera, era una verdadera fiesta provincial que convocaba a figuras de primer nivel.
La noche también tuvo su brillo. Una cena organizada por la histórica concesionaria Celestino Fernández y Cía reunió a protagonistas y figuras destacadas, en un ambiente de camaradería que hoy parece sacado de otra Argentina. Allí, entre brindis y anécdotas, se tejían vínculos y se celebraba el momento.
Julio Blanco tenía entonces apenas 16 años. Había llegado a General Pico para estudiar en el Colegio Normal, con la ilusión de convertirse en docente. Vivía en el Hotel Sportman, propiedad de Jerónimo Bárbero, donde pasaba la semana entre libros y clases. Pero ese fin de semana decidió quedarse. “Era imposible irse, era un evento que paralizaba todo”, recuerda.
Y no exagera. La ciudad estaba revolucionada. Hoteles colmados, quintas alquiladas, calles llenas de gente. Familias enteras salían a ver pasar los autos, a sentir el ruido, la velocidad, la emoción. Era una fiesta popular, de esas que se viven con el alma.
Hoy, esas fotos vuelven a hablar. Nos muestran no sólo a los protagonistas, sino también a una comunidad que supo detenerse para celebrar, compartir y emocionarse. En cada imagen hay una historia, y en cada historia, un pedazo de identidad pampeana.
Porque al final, más allá de los nombres ilustres, lo que queda es eso: la memoria viva de un tiempo en el que el deporte, la pasión y la gente se encontraban en un mismo lugar. Y alguien, con una cámara en mano, supo guardarlo para siempre.
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2026-08-07 06:00:04
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